Abre los ojos

Roberto siempre había sido una persona muy indecisa y temerosa a los cambios. Se pensaba que el cambio podía ser peor de lo que tenía ahora, y por suerte o por desgracia, había mantenido esa mentalidad durante toda su vida, a pesar de que no fuera del todo feliz.

Debido a esa inseguridad en sí mismo, perdió grandes oportunidades a lo largo de su vida. Sin embargo, el confinamiento que un día un famoso virus obligó a permanecer encerrados en sus casas a millones de personas, le hizo cambiar de opinión y probar su suerte.

Y así, sin pensárselo dos veces, descolgó el teléfono, y marcó el número de su hermana, con la que había perdido el contacto hace años.

Beep, primer tono

Beep, segundo tono

Beep, tercer tono

Cuando Roberto se disponía a colgar, alguien al otro lado de la línea descolgó. Se trataba de un niño.

– Hola, ¿dígame?

Silencio al otro lado de la línea, Roberto se pensó que se había equivocado.

– ¿¿Hola??

– mmmm hola, ¿está María Carrascosa?

– Sí, es mi mamá. ¿Quién es?

– Soy su hermano Roberto.

– Mi mamá no tiene hermanos.

– Bueno, tú dile que soy Roberto.

– Mamaaaá te llaman.

– Roberto, hijo, cuántas veces te he dicho que tú no cojas el teléfono.

Vaya le ha puesto mi nombre, pensó Roberto – Algo que le enterneció.

– ¿Dígame?

– Hola María, soy Roberto.

– Madre mía hermano, cuánto tiempo. ¿Cómo estás? Y no preguntaba por cortesía, sino de verdad quería saber cómo se encontraba.

Ambos hermanos rompieron a llorar.

Desde aquel día, volvieron a recuperar la bonita relación que habían tenido de niños. Se pusieron al día de sus respectivas vidas, ambos tenían mucho que contarse. De momento, como no podían verse, hacían videollamadas todos los días para sentirse más cerca el uno del otro.

A partir de entonces, Roberto decidió probar la misma suerte con los demás, aunque siempre era él el que iba detrás de la gente, ahora mismo eso le daba igual. Y empezó a llamar a todas aquellas personas con las que había tenido relación a lo largo de su vida, y que por circunstancias, mejor dicho, tonterías, habían perdido el contacto.

Algun@s, se mostraron reticentes y no dejaron su orgullo de lado. Sin embargo, otr@s, se alegraban de escuchar su voz, pero sobre todo, de saber qué se encontraba bien.

A veces tenemos que dejar de mirarnos el ombligo, y alzar la vista, y observar todo lo que tenemos a nuestro alrededor.
Una vez más, la vida nos ha dado una lección a tod@s. ¡¡GRACIAS!!

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9 respuestas a “Abre los ojos

  1. La inseguridad en uno mismo es algo que es difícil que genere cosas positivas. Hay veces que es necesaria ayuda externa para cambiar eso, porque supone problemas a corto, medio y largo plazo para esa persona y para quienes la rodean. Me alegro por Roberto. Besitos

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      1. Estoy de acuerdo y muchas veces por tonterías nos distanciamos de buenas relaciones. Pero yo creo que también hay que tener en cuenta el concepto de reciprocidad y forzar una relación sin el beneplácito voluntario de ambas partes tampoco es una buena opción.
        Saludos 🖐

        Le gusta a 1 persona

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